Es fácil: se crea una aerolínea para satisfacer una demanda que no existe. Y no, las demandas no se crean, por mucho que desde ESADE y cuatro neoyuppies nos lo intenten inocular con discursos floridos y llenos de engaños. Es por eso que Spanair colapsa.
No es una cuestión de nacionalismo herido al que siempre le cortan las alas (no siempre vale ese mensaje), es simplemente tener ojo crítico y ver que algunas veces incluso aquí, en el país del seny, también podemos ser muy malos gestores (como en todos lados). Sólo hay que ver la cantidad de empresas que comienzan a hacer fallida, la cantidad de empresarios que ya no tienen el poder suficiente para silenciar sus chanchullos de fraude fiscal. Lo peor es que ese dinero mío, tuyo y del vecino que paga con sus impuestos es dinero tirado gracias a una obsesión pueblerina de la Generalitat.
Sin Spanair tendríamos los mismos vuelos, a las mismas horas, con el mismo servicio y con un dinero ahorrado que bien podría haber servido para otras partidas. Partidas que, curiosamente, a los políticos no les tiembla la mano la hora de recortar, como la educación, la sanidad y el fomento del empleo. Normal que tengamos unos empresarios de éxito mediático y suspenso económico de este nivel, mimetizan lo que han aprendido de sus padres públicos, los organismos oficiales que pueblan plaça Sant Jaume.









